Estamos en pleno siglo XXI. Muchas personas dicen que a las generaciones de ahora nos tocó vivir en la mejor época, a lo que yo suelto una carcajada de naturaleza antagónica, y por tanto puedo refutar tal premisa.
La ciencia y la tecnología ha progresado demasiado. Nadie se imaginaba unas cuántas decádas atrás que se pudiera hablar a largas distancias mediante un dispositivo móvil con otra persona, este dispositivo es coloquialmente designado como "cel", "fon", y otros sustantivos cuyo origen fonético es más anglicista que nada; sin embargo, ese no es el punto. Como estaba diciendo tanto progreso ha mostrado la humanidad en escasos años que habitamos este planeta.
El interés por descubrir cada vez más cosas, de quitarle la máscara a Dios y mostrarlo como un simple bufón es algo que intriga cada vez más a toda la raza humana (bueno, hay sus excepciones mayoritarias) . Todo este conocimiento trasciende y se conserva como un concepto inmutable.
Países desarrollados cada día hacen que temamos más de ellos ya que en cualquier momento podrían por ejemplo crear armas de destrucción masiva que quepan en la palma de la mano. Pero qué sucede en los países subdesarrollados, como este país tan intrigante llamado México. No dejo de escuchar juicios tales como "es que necesitamos gente honrada...", "si tuviéramos más gente capacitada...", "es que la educación en México es tan insignificante comparada con la de otros países..." y demás enunciados no menos importantes, pero yo quisiera hacer énfasis en el último enunciado.
Uno no puede evitar analizar la gente que le rodea, siempre llama la atención algo de estas personas. He observado que la gente camina despreocupada, como si todo transcurriera tan normal: tiran basura, leen TVnotas, hablan acerca de la invulnerabilidad del peje ante la kriptonita, sostienen diálogos metafísicos acerca de la procedencia de los tipejos esos de RBD, hablando por "cel" de como se cayó de las escaleras María Conchita y un sin fin de cosas vanas y superfluas. Y es de ahí que se corroborá que, efectivamente, "nuestra educación está por los suelos".
Ya nadie quiere ir a la escuela, ni siquiera yo. A este oscuro lugar denominado "el templo del saber", a lo que yo contradigo con un grito de exclamación: carajo!!!. Aquellos días en que no tengo clases y que son vacaciones tengo una gran satisfacción, algo parecido a una superación espiritual nunca alcanzada.
El proceso de enseñanza es monótono: levantarse temprano (en el caso de aquellas personas que gozan del "privilegio" del turno matutino), arreglar sus cosas, llegar, entregar el reporte de la novela "Relatos de Fantasmas", escuchar por cerca de dos horas la tormentosa y holgazana voz de la maestra cuyo aliento a sulfuro de hidrógeno es imprescindible. Este proceso se vuelve repetitivo y ambigüo, sin mencionar que hay maestros cuya clase parece clase de dictado. También cometen errores cronológicos, culturales, sociales, económicos, matemáticos, lógicos y hasta lingüísticos!!!: "después del despeje tenemos que y es igual a quince diecieavos". Las tareas son el método de tortura quizá más cruel que la doncella de hierro, con la diferencia de que las tareas son de muerte lenta y dolorosa, pero bastante progresiva.
En fin, no pondré más énfasis en ejemplificar, creo que cada uno sabe lo que pasa en la escuela y no hay duda de que casi nadie quiere ir a sentarse 5,6,7, o hasta 8 horas llegando al grado esquizofrénico de ver a sus maestros en la cara de todas las personas. El modus operandi de los maestros se vuelve cada vez más maquiavélico.
No podemos exigir individuos autodidactas, esa sólo es una capacidad que se desarrolla innata. Pero tal vez podría dejarse a un lado tantas reformas estupiditas para crear espíritus ansiosos de nutrirse de conocimientos. El modelo educativo ese de proyecto "jaula", no está mal, pero lo que no sabe el sistema educativo es que con esto, se está autoderrocando.
Lo sé, ¡¡¡qué aburrido post!!!
